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Manifiesto del proyecto LenguaLibre

Versión preliminar 0.3 [PDF descargable]

Pablo Ruiz Múzquiz
pabloruiz@gnu.org - http://lengualibre.org

26 de Julio de 2001. Madrid, España.

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Índice General

1. Prólogo a la versión preliminar 0.3
2. Qué es Lengua Libre
3. Problemática legal y Libertad
4. Epílogo: Idea Subyacente

1. Prólogo a la versión preliminar 0.3

Este texto constituye la tercera versión preliminar del Manifiesto de LenguaLibre. Se han realizado numerosas modificaciones tanto de forma como de contenido desde la primera versión. Sin embargo, este Manifiesto se encuentra en continuo desarrollo. Está lleno de imprecisiones, redundancias y errores de redacción.

Para cualquier colaboración, por favor escriba a pabloruiz@gnu.org o visite http://lengualibre.org.

2. Qué es Lengua Libre

LenguaLibre es un proyecto sin ánimo de lucro creado con la intención de elaborar un diccionario de la lengua española de libre uso, copia y modificación.

Este proyecto nació extraoficialmente el 28 de Junio de 2000 tras discutir en la lista de correo nivel2@rae.es los términos de licencia de la casi totalidad de los diccionarios de lengua española.

LenguaLibre pretende acabar con este absurdo y proporcionar a la comunidad hispanohablante el derecho a disponer de una base de datos que contenga todas las palabras y sus respectivas definiciones con plena libertad.

El nacimiento oficial corresponde al 25 de Septiembre de 2000 y el fundador es Pablo Ruiz Múzquiz - pabloruiz@gnu.org.

3. Problemática legal y Libertad

Nadie conoce o puede pretender conocer todas las palabras de una lengua así que al formar un diccionario los integrantes del proyecto que lo van a llevar a cabo necesitan recopilar la información de numerosas fuentes, entre ellas otros diccionarios. Esto da a lugar a muchas definiciones repetidas. Algunas por obvias ¿cuántas maneras diferentes hay de definir "perro"? y otras no tanto ¿quién puede saber lo que significa una palabra que nunca ha oído en la vida?

Al igual que en ciencia todo el mundo utiliza las ecuaciones de Newton, Maxwell o Einstein sin pagar derechos de autor, las palabras no son patrimonio más que de la humanidad que las crea, habla, escribe y abandona.

Cuando una estudiante de ciencia atiende a una explicación sobre la estructura subatómica de la materia y escribe en sus notas lo que ella ha entendido no está vulnerando ningún derecho de autor. Si fuese así, ni el mismo profesor podría mencionar el "efecto Zeeman" sin pagar un canon al descubridor homónimo (o a sus herederos).

Y todo esto sucede así porque hablamos de Conocimiento. Conocimiento para todos. Nadie debe impedir que yo use la palabra casa, mujer o hermítico con plena libertad salvo que esa libertad se use para dañar la de otros. Entonces la palabra se convierte, no en conocimiento trasmitido, sino en arma verbal.

Por tanto, deseemos tener al menos un diccionario libremente disponible, elaborado por un comité experto de lingüistas. Un diccionario financiado con fondos públicos y destinado a una mayor y mejor difusión de nuestra lengua.

Evidentemente, los encargados de proporcionar este documento tan preciado son instituciones públicas que no dependan de criterios partidistas o individuales. Lo que deberán hacer siempre que vendan o regalen ese diccionario será permitir explícitamente la copia, modificación y libre uso. Para ello, al igual que con el software libre se adjunta el código fuente de la aplicación, es decir, el texto que hay debajo de cualquier programa y que permite modificaciones posteriores para lograr un programa diferente o mejorado, estas hipotéticas instituciones deberían adjuntar un fichero digital de codificación abierta con todo el corpus contenido en la obra impresa o digital que se encuentre disponible.

El objetivo de estos organismos no ha de ser el amasar dinero sino el amasar libertad y distribuirla entre todos.

Y esto debe ser así dado que la lengua es uno de los pocos patrimonios que posee un individuo aparte de su vida y su familia. La lengua es su manera de interrelacionarse con los demás individuos que componen la sociedad en la que habita. ¿Qué hay más representativo de la libertad de una persona que la libertad de expresarse libremente? ¿Por qué admitimos entonces la exclusividad editorial cuando hablamos de lo que es la materia prima de nuestra libertad? ¿Cómo es posible que cada vez que hable ha de recordar que las palabras que uso tienen un significado que leí en un diccionario en donde se prohibía expresamente el plagio, la copia, la difusión, etcétera, bajo penas de multa y/o prisión.

Y cuando los profesores de enseñanza elemental les dictaban las definiciones de palabras ¿no estaban plagiando el contenido de un diccionario? Y cuando yo escribo en una pizarra "poner: v.tr. 1 Colocar o situar una cosa en un lugar" ¿debo esperar acaso que venga la policía lingüística y me arreste por plagio?

El Conocimiento es Poder, eso es cierto, pero también sabemos que el Conocimiento es Libertad.

Un diccionario libre, entre otras cosas, permitiría:
  1. Que cualquier persona con escasos recursos económicos pueda aceptar una copia de otra persona sin temor a ningún tipo de represalia legal.
  2. Que cualquier sujeto o sistema automatizado pudiese disponer de una fuente lingüística libre para incoporar a sus procesos sin tener que empezar un trabajo que probablemente no pudiese realizar completamente.
  3. Que un filólogo o un equipo colaborativo local al estilo de LenguaLibre pudiese incluir en una copia de su diccionario una colección de neologismos o localismos propios de su región o país y usarlo para fines particulares aprovechando la estructura del diccionario maestro. Si además, esta persona creyese que su trabajo merece la atención de los integrantes de los ya mencionados hipotéticos organismos públicos y quisiera ver su trabajo publicado en el ficticio Diccionario Libre Oficial, podría mandar su aportación sin ningún problema y esperar una respuesta afirmativa o negativa. En cualquier caso, como puede verse, él podrá incoporar su parte personal a la copia oficial disponible universalmente. Esto probablemente genera multitud de diccionarios diferentes basados en el Oficial que seguirá siendo el punto de referencia obligada para todos y que contará con la confianza de todos. Es decir, si alguien llega a tener dudas de si un diccionario basado en el oficial es riguroso, siempre puede obtener el oficial que posiblemente avanzará más lentamente pero contendrá en sus tripas una solidez propia de un trabajo concienzudo, contrastado y especializado. Y más aún. Si tras cierto tiempo, el comité encargado da muestras de cansancio, fragilidad o lentitud, puede aparecer otro comité y abrir una nueva vía fresca para continuar el trabajo. Todo el mundo puede aprovecharse del conocimiento de los demás e intentar aportar el suyo.
  4. Los científicos podrían añadir anexos personalizados a sus diccionarios libres, se podría intentar una conversión a Braille, los fonólogos podrían añadir más información e incluso los partidarios de una escritura fonética o pseudofonética tendrían a su disposición un corpus sobre el que trabajar directamente.


Como puede apreciarse, los proyectos derivados de un diccionario libre son múltiples y exigen un trabajo enorme. LenguaLibre pretende, no sólo construir un diccionario libre de la lengua española, sino alimentar otros proyectos que completen el material lingüístico que toda persona, investigadora o no, desea y debería tener.

Todo trabajo basado en este diccionario tendrá necesariamente que ser libre. Es decir, nadie podrá copiar y/o modificar el diccionario y distribuirlo (gratuitamente o no, eso es irrelevante cuando hablamos de libertad) prohibiendo el libre uso, copia y modificación de éste.

De esta manera nos aseguramos los que trabajamos en este tipo de proyectos que nuestro deseo de libertad se mantenga. El cambio de mentalidad que supone entender este paradigma no es trivial y puede generar muchas dudas. Por ello, el Proyecto LenguaLibre estará dispuesto también a explicar en que consiste esta nueva "Libertad Obligada".

El resultado práctico de este procedimiento (llamémoslo en este momento así) es que sólo sobrevive lo mejor. En otras circunstancias, la disponibilidad física o económica es la que determina qué documento o libro elegir de entre la oferta. Sin embargo, con este sistema de colaboración y publicación, uno tiene a su disposición todas las variantes, todas las "obras basadas en...", y a un sólo movimiento de mano. Se puede ELEGIR entre todo lo existente.

La libertad de poder elegir entre lo bueno y lo malo es vital. Antes sólo era posible hacerlo entre lo cercano o lo lejano, lo barato o lo caro.

Ahora una contribución mediocre queda rápidamente diluida entre un mar de mejoras. Pero es que esa misma supuesta contribución carente de rigor ya es mejor que cualquier sección de un documento propietario, en donde no hay lugar para la mejora espontánea.

[Nota temporal a 26 de Julio de 2001: La licencia bajo la que se distribuirá este diccionario libre está aún por decidir, pero sin duda una estupenda candidata es la Free Document License (Licencia de Documentación Libre) publicada por la Free Software Foundation. Para más información visite http://www.fsf.org.]

4. Epílogo: Idea Subyacente

La lengua no es una mercancía que se pueda comprar o vender sino un conocimiento que ha de ser compartido y difundido como vehículo de libertad. Cuando ésta se convierte en medio para lograr un fin alejado de su razón de ser, hay que devolverla cuanto antes a un estadío de colectividad.

Todos sabemos o podemos intuir que tarde o temprano ocurrirá que dispondremos de una suerte de diccionario libre. Pues bien, es una disposición típica actualmente el justificar a la tecnología argumentando que está ahí y ha venido para quedarse. Pero la tecnología no la guía una mente ajena a este planeta ni tiene una teleología por sí misma y ahí es donde nosotros, los que participamos de ella como clientes hemos convertirnos en maestros y guiarla según un ideal de pluralidad y accesibilidad.

El crear un diccionario de libre distribución no es sino un granito de arena en esa playa de proyectos. Manejar la tecnología para que no suceda lo contrario no es tarea fácil debido a la gran comodidad que nos dispensa cuanto mayor es nuestro despego a intervenir en ella.

Pero hay un límite a todo esto. Y siempre, como ciudadanos, tenemos nuestra franja de actuación -pequeña o grande- que debemos aprovechar y conseguir, en la medida de nuestras posibilidades, dotar a esta nueva estructura social y económica que nos rodea de un tejido humanista y solidario.

LenguaLibre intenta cubrir el hueco generado por un descontrol total en materia filológica. Facilitar al ciudadano que habla con nuestros mismos signos la base semántica de su lengua es un deber que desde las instituciones debe realizarse. Si no lo hacen ellos, lo harán otros. Seamos nosotros.

Pablo Ruiz Múzquiz
Madrid, 26 de Julio de 2001